Liber 2014

Alberto Vicente. Un estado de ánimo



Me llamo…Alberto Vicente



Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como…uno de los anatómicos, por el blog de anatomía de la edición y por mi empresa anatomía de red.

Me gusta leer porque…no tengo que hablar y me ayuda a entender muchas cosas.

Cuando tenía doce años quería ser…cirujano.

Hoy soy…lo que quiero ser: editor con formación en economía y edición. Todo lo que he hecho en la vida me ha llevado hasta aquí, cosa que agradezco. Estudié economía porque en mi juventud aspiraba a entender el mundo y comprender porqué unos países eran ricos y otros no (así pensaba por entonces), pero con el paso de los años estudié edición porque quería trabajar en el mundo de los contenidos y de los libros. Las humanidades siempre han sido mi prioridad.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…nadie me preguntó nada semejante en una boda, pero si lo hicieran cambiaría de tema, hay cosas que no merece la pena explicar.

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: Me pongo al día de la actualidad, atiendo a mis clientes, trabajo, trabajo, trabajo y más cosas…

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…me invitaron a participar en una charla sobre neurociencia.

Y lo peor…ver algunas inquinas en el sector.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con…”yo prefiero los libros en papel, no me gustan los digitales”.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…el trabajo me desborda, entonces me paro, respiro, priorizo y sigo.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…crear y participar en proyectos nuevos, estar en un sector que, aunque no lo vemos, está sufriendo una metamorfosis importante, y poder conocer a gente de una valía sensacional de los que intento absorber todo lo que puedo.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…firmé los papeles para crear Anatomía de red junto a mi socio y amigo, una empresa deseada y querida por ambos.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…pasear por librerías y leer novela negra, una de mis pasiones. También he vuelto al spinning pero termino más cansado así que lo hago intermitentemente.

Así es como veo el futuro de mi profesión…prometedor y con muchas cosas por hacer.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…leyendo y aprendiendo a hacer fotografías si no he sido capaz de aprender antes.

El último libro que he leído ha sido… La corrosión del carácter de Sennett.

Y lo conseguí en….dos días. Era algo pendiente, no siempre se puede hablar de oídas.

Y el primero que recuerdo que leí fue…una edición del Círculo de lectores para niños de Robinson Crusoe que todavía conservo.

En mi mesilla tengo ahora para leer…demasiados libros: Arte Salvaje, una biografía de Jim Thompson editada por Espop, una de mis editoriales favoritas; Desigualdad de Wilkinson y PIckett editado en Turner, imprescindible para entender como afectan las desigualdades sociales en la “felicidad social”, y En la orilla de Chirbes.

Me gustaría añadir que…al final, el tiempo pone las cosas en su sitio (o no).

-          Enlace 1:www.anatomiadered.com
-          Enlace 2: http://es.linkedin.com/in/albertovicente
-          Enlace 3: https://twitter.com/alvicente
-          Enlace 3: https://twitter.com/anatomiaedicion


Álex Oviedo. Un estado de ánimo



Me llamo Álex Oviedo.



Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como Álex, a veces Oviedo, el que escribe en el Bilbao; dicen que soy revisalsero, ajista —gran término para definir que estoy metido en todos lo ajos— y algún otro apelativo mucho menos amable. Una vez Pedro Ugarte me dijo una frase que no sé si me define pero sí me hace gracia: ¿quién no tiene alguna historia con Álex Oviedo? ¿O quién no ha colaborado alguna vez conmigo? Quizás porque me cuesta decir que no.

Me gusta leer porque es, junto con el cine, mi forma de evadirme de la realidad. Y además me gusta descubrir historias que yo no sería capaz de imaginar. Me da envidia la imaginación de muchos escritores. Disfruto con sus historias.

Cuando tenía doce años quería ser biólogo. Me encantaban los animales, coleccionaba fichas con fotos y características de todos ellos, me leía de principio a fin la enciclopedia Fauna de Félix Rodríguez de la Fuente, además de ser un fiel seguidor de El hombre y la Tierra. Hasta que un día me dio por escribir. Y en poco más de un mes terminé lo que sería mi primera incursión en la novela de detectives, siguiendo los pasos de Erle Stanley Gardner y Agatha Chistie. Un horror, por cierto, que no me desanimó. Desde entonces no he parado, aunque muchos de mis escritos hayan acabado en una papelera.

Hoy soy muchas cosas: periodista (de carrera), escritor y editor (de vocación), diseñador gráfico y gestor cultural (laboralmente hablando), profesor (en talleres literarios), crítico (con el tiempo que nos ha tocado vivir y con muchas de los eventos que se organizan), boca-chancla (no soy nada diplomático)… Y seguramente alguna más que no recuerdo.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que me gusta escribir, que incluso he publicado algunos libros. A la gente le llama la atención que alguien dedique parte de su tiempo a inventarse historias. Pero la conversación termina muy pronto. Y en una boda ni te cuento.  

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien sencillo, sin demasiadas estridencias, me levanto, desayuno, voy al trabajo, quedo con mi socia, pensamos en nuevos proyectos que llevar a cabo, contactamos con nueva gente, hablamos de sus proyectos o de los nuestros, y así hasta que llega la noche. Y es cuando, ya en casa, me pongo a escribir. Lo sorprendente es cuando de todo ese maremágnum nace alguna cosa positiva. O cuando ves que has pasado horas con un proyecto y el esfuerzo realizado obtiene la recompensa de un libro, una exposición, un encuentro literario en el que conoces a un escritor que te sorprende. Nos pasó hace poco al conocer al escritor brasileño Rodrigo Lacerda, a quien hemos traducido al castellano Otra vida. Conocer la obra de otro autor o la forma que tiene de llegar a un argumento es una de las riquezas de este trabajo.

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando un amigo me dijo que me envidiaba porque siempre había tenido muy claro lo que quería ser y no había parado hasta conseguirlo. No es que sea raro, es que yo me había pasado la vida envidiándole a él.

Y lo peor de este trabajo es darse cuenta de que también aquí dependemos del mercado, de gente que sólo sabe de números y no de libros, y mucho menos de calidad literaria o editorial. O que por desgracia muchas de las actividades literarias que se organizan se hacen con precipitación, amparados en esquemas caducos, por gente sin ideas que no acepta la crítica. A nivel editorial, lo peor es pelearse con los distribuidores, que son un mundo aparte.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando después de estar organizando durante meses la presentación de un libro te enteras de que no está en ninguna librería de la ciudad porque el distribuidor no lo ha considerado importante. O porque otra editorial un poco más grande que la tuya sí lo es y ha dado prioridad a sus títulos.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es como editor ver el resultado cuando tienes el libro en las manos y el rostro de alegría, sorpresa, emoción de los autores cuando ven su obra finalmente publicada. Algo mismo me sucede a mí como escritor. Un subidón extraño que te lleva a manosear el libro como si no creyeses que lo que está escrito ahí dentro fuera tuyo.

El mejor día que recuerdo en el trabajo es cada vez que un proyecto que llevamos a cabo sale como queríamos. Y en el caso de la literatura cuando se nos acerca alguien que ha leído lo que hemos publicado y nos dice que le ha encantado.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a charlar con los amigos, tomar algo con ellos, ir al cine, andar en bici, ver series, leer... Y escuchar música, mucha música.

Así es como veo el futuro de mi profesión: muy, muy complicado. Entre la crisis, la insistencia del gobierno de acabar con la cultura o con la educación, o con todo lo que nos permita pensar libremente, la dedicación de las grandes editoriales de vendernos hamburguesas como si fuese solomillo (libros de políticos muy poco interesantes, de vedettes televisivas o de aulladores de su vida íntima), me temo que queda poco espacio para lo importante. Al menos es difícil escarbar entre tanta zaborra.

Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda trabajando, seguramente, porque tal como van las cosas y con estos gobiernos que nos han tocado en suerte creo que no tendremos edad para jubilarnos.

El último libro que he leído ha sido La playa de los ahogados, de Domingo Villar.

Y lo conseguí el año pasado en la Feria del Libro de La Coruña, mientras paseaba ojeando libros por las casetas. Me había gustado mucho Ojos de agua, un libro que me había hecho reír como hacía tiempo que no recordaba. Sabía que se había publicado una segunda entrega de las aventuras del inspector Leo Caldas y su ayudante Rafael Estévez, pero no conseguí que me lo trajeran en ninguna librería de Bilbao. Y el azar hizo que encontrara en Galicia la novela del autor vigués.

Y el primero que recuerdo que leí fue alguno de Los Hollister, Los Cinco o Los Tres investigadores. Y muchos cómics de Spiderman. Aunque el que verdaderamente me marcó fue El señor de los anillos. Años más tarde intenté leerlo de nuevo pero fui incapaz.

En mi mesilla tengo ahora para leer una pila enorme de libros, todos ellos empezados. El informe de Brodeck, de Philippe Claudel, que me ha recomendado una amiga; Sinsajo, de Suzanne Collins, tercera entrega de Los juegos del hambre que me pasó mi sobrino, la segunda edición de Lento proceso, de José Luis Cancho, Contradicciones, de Kepa Murua, y dos novelas gráficas que me regalaron tres amigas: Los surcos del azar, de Paco Roca y He visto ballenas, de Javier de Isusi, ambas editadas por Astiberri.

Me gustaría añadir que a veces me entran ganas de dejar de leer. O pienso que se nos quedarán grandes libros en la repisa en cuyas aventuras no podremos adentrarnos. O historias que tampoco nosotros podremos contar aunque se nos ocurran cada noche entre sueños.

Alex Oviedo

Sobre el valor de los afectos en los proyectos culturales. Trànsit Projectes


Hacía tiempo que no publicábamos una entrada en este blog que hiciera referencia a iniciativas ajenas a nuestra dinámica de trabajo. La exigencia de los proyectos propios; la saturación de las agendas; la prioridad en la difusión de lo emprendimientos de la casa: los pretextos son muchos e igualmente innecesarios. Hoy, sin embargo, la coincidencia que ha supuesto el hallazgo de una nota de prensa, su vínculo directo con una serie de conceptos que nos resultan particularmente cercanos, y el descubrimiento de una iniciativa muy sencilla pero de espíritu igualmente noble y pertinente, ha desentumecido la primera persona y nos ha motivado para compartirles estas anotaciones. Va entonces.

Numerosos son los espacios en los que se han dedicado ríos de tinta y pixel a darle vueltas a la idea de la crisis del sector editorial en España. Apenas ayer encontrábamos el enésimo texto al respecto, esta vez en el periódico El País. Saltan las alarmas en el sector editorial español… se titulaba una nota firmada por el reconocido crítico Winston Manrique Sabogal. El texto exponía, entre otras cosas, los últimos datos presentados por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) y se atrevía a afirmar que el mundo del libro ha retrocedido 20 años en sus ingresos por facturación en el mercado interior, con seis años consecutivos de caída, un 40,6% con respecto a 2008. Más allá de las alarmas de Manrique, el motivo de esta entrada pasa por la parte olvidada de la ecuación, que no es otra que la relación afectiva que los usuarios, en este caso los lectores, establecen con un determinado bien o entorno cultural. Y lo es porque la iniciativa que nos ocupa, YO AMO MI LIBRERÍA, provoca cuestionarse sobre la pertinencia de este elemento como valor de medida en todo ese ir y venir de cifras premonitorias.
Hay, como decíamos, varios conceptos de nuestro interés que cruzan por un proyecto como YO AMO A MI LIBRERÍA.

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Juliana Boersner. Un estado de ánimo



Nota previa.
La foto ha sido petición expresa de Juliana recordando un encuentro en Madrid hace ya seis años. Yo sólo puedo dar fe de que en estos momentos ocupo lgo menos de volumen.
 

Me llamo Juliana Boersner.
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como Juliana Boersner o Juliana de Noctua (nombre de la libreria que tengo en Caracas junto con mi hermano Andrés y mi cuñada Magdalena).
Me gusta leer porque no me imagino no leyendo. Es parte inseparable de mi “ser” en el mundo.
Cuando tenía doce años quería ser: Arqueóloga.
Hoy soy librera, docente, profesora de comunicación, crítica literaria e Historia del documento, entre otras materias, bloguera, escritora, editora, correctora y, arqueóloga, si, pero del libro y el documento.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que no me imagino haciendo algo distinto, que nací, crecí y vivo entre libros.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: vertiginoso, pasando de una pantalla a otra y de seguidas al papel y así una y otra vez.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando aprendí a vivir en el extrañamiento.
Y lo peor ya lo borré de mi mente y se transformó en una vivencia que me hizo crecer.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con que mejor me dedique a un negocio “de verdad”.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… la verdad es que no sucede o, al menos, procuro no permanecer haciendo cosas que no me entusiasmen. Pierdo el entusiasmo cuando lo que hago ya no tiene sentido o se vuelve rutina, cuando ya he cumplido una meta y no hay una manera de hacerlo distinto. Cuando no hay novedad.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es poder enamorar a los demás por la lectura,  los libros y el conocimiento.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando Siempre es un buen día cuando alguien, especialmente si es un niño o un joven, encuentra en la librería un libro que lo apasione. No hay manera de describir la mirada de un niño cuando va a tocar un libro y grita de emoción. Esos son los mejores días, cuando sabemos que hemos podido brindar a otros la alegría de un buen libro.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a caminar a orillas del mar, meditar, leer, tomar un buen vino y disfrutar de mi familia y amistades.
Así es como veo el futuro de mi profesión. Lo veo polifacético, en permanente cambio. El futuro del libro es un futuro fascinante porque es el futuro de las innovaciones y de su influencia sobre los procesos humanos. Vivimos un momento privilegiado tanto por lo que tiene que ver con los formatos como por los cambios en la lectura. Para algunos pesimistas estamos asistiendo a la muerte del libro;  para otros, la innovación es el futuro e, incluso, una manera nueva de reencontrarnos con la edición y la autoría.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda viajando, leyendo, escribiendo, amando.
El último libro que he leído ha sido "Denkbilder. Epifanías en viajes" de Walter Benjamin.

Y lo conseguí en mis regalos del día de la madre de este año. Me lo regaló mi hijo mayor, inevitablemente inoculado por la bibliofilia y la lectura.

Y el primero que recuerdo que leí fue La cabaña del Tío Tom.
En mi mesilla tengo ahora para leer "La generación app" de Howard Gardner  y Katie Davies.
Me gustaría añadir que me gusta lo que hago. No me puedo recordar sin libros alrededor y siempre que salgo procuro llevarme uno conmigo, aunque no lo lea, me hace sentir acompañada, segura. ¿Un fetiche? Puede ser, pero me hace feliz.
Algunos enlaces que muestran mi trabajo:
En twitter:
-          @julianab
-          @LibreriaNoctua
-          @ciberescrituras
-          @espaciocontexto
-           
En la Web:

-          http://www.papelenblanco.com
-          http://www.ciberescrituras.me

Pilar Rubio Remiro. Un estado de ánimo



Me llamo…Pilar Rubio Remiro. ¡Qué lata! Lo del segundo apellido tuve que añadirlo hace unos años porque hay otra más famosa que yo. Qué le vamos a hacer. 

Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como…La que no deja de escarbar entre libros y a fuerza de leerlos, escribir sobre ellos, venderlos y ahora editarlos, ya no concibe un mundo sin ellos. 

Me gusta leer porque… Hay muchos, pero que muchos mundos, y la única manera de llegar a ellos es a través de los libros. No se me ocurre mejor manera de vivir más vidas.

Cuando tenía doce años quería ser… La que ganase el Concurso de Redacción de Coca Cola, que en ese momento me parecía LO MÁS…

Hoy soy… La madre de la criatura en La Línea del Horizonte Factory, un invento hecho a mi medida para seguir haciendo lo que más me gusta: hablar de libros y hacerlos, sobre todo los que hablan del  viaje y sus culturas. Intento dar brillo, apoyar y divulgar la buena narrativa de viajes y convocar en nuestro horizonte a los que viajan con una mirada crítica y sensible allá donde vayan y además les gusta contarlo. 

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… ¡Es un amor fou! Ocurrió en algún lejano rincón del pasado y hoy, simplemente, te das cuenta de que los libros te han fagocitado sin remedio. Sálvese quien pueda.

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así… El de una mujer orquesta. Toco lo que haga falta. A ver… unas cosas se me dan mejor que otras y hay días que todo desafina pero, la multitarea, en estos tiempos, es una necesidad, que no una patología.

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… Conocí, como librera, a algunos coleccionistas  a los que siempre guardaré cariño, pero mi preferido era un amante de los libros sobre islas, libros islados  ¿Se imaginan su biblioteca? Un día le nombré mi Robinson preferido y me dijo que guardaba casi treinta versiones en varios formatos e idiomas.

Y lo peor… Asistir al cierre de mi librería. Fue un dolor insoportable, por eso sigo entre libros, aunque de otra manera.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… El señuelo  de todas aquellas maneras de ganarte la vida con cosas sensatas y seguras. Hay quien no entiende que la seguridad no existe y que pase lo que pase tienes que barrer los escombros y seguir tu viaje.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… Francamente, vas en el metro y ves cuánta gente ha cambiado los libros y el periódico por el smarphone…, empiezas a pensar que sólo los libros nos pueden salvar de este estado de anomia intelectual, de ausencia de pensamiento crítico, de muerte de la imaginación, de falta de proyectos y de deseos de cambio. 

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… Cuando consigues  transmitir la pasión por la lectura. Hace poco coordiné  un Club de Lectura y me pareció apasionante, una experiencia sublime.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… Llegó a la oficina la caja con mi primer libro editado. ¡Ostras, qué emoción!

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… Viajar si puedo y si no puedo me voy a caminar por la naturaleza, que como decía el amigo Nietzsche, sólo tienen valor las ideas caminadas (o algo así para ser inexactos). 

Así es como veo el futuro de mi profesión… Por hacer. Quiero decir que estamos escribiendo el futuro y parece que aún no toma forma. Todo está mutando: la propia organización social, la lectura y los lectores, los soportes, el mercado, las ideas… Mi bola de cristal está muda, pero reluciente.

Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… No pienso en la jubilación y la mía no está lejos. Es la palabra, que no me gusta. Simplemente pienso en un futuro con más tiempo para seguir haciendo todo lo que me gusta. Hasta que el cuerpo aguante.

El último libro que he leído ha sido… Releído: Todos los caminos están abiertos de Anne Marie Schwarzenbach, por un tema profesional. Qué buena escritora y qué vida difícil…

Y lo conseguí en… La Feria del Libro. Lo llevaba en mi lista y fui directa a la caseta.

Y el primero que recuerdo que leí fue… No lo recuerdo, pero con el que siempre celebro mi epifanía lectora fue con La montaña mágica de Thomas Mann. Dicen que un buen libro es aquel que crea un silencio alrededor. A mí  éste me creó un santuario en el recuerdo de mi adolescencia.

En mi mesilla tengo ahora para leer… Una verdadera montaña. Muchos de ellos tienen que ver con próximos títulos que me gustaría editar y otros porque cubren sensibilidades del momento. 

Me gustaría añadir que… Me lo he pasado muy bien respondiendo a este cuestionario. Un placer hablar de libros. ¡Gracias!

-          La web de nuestra factory: www.lalineadelhorizonte.com
-         Nuestra bitácora colectiva: www.lalineadelhorizonte.com/blog
-          Mi Twitter personal: @Viajaresleer

Claudia Casanova. Un estado de ánimo




Me llamo… Claudia Casanova.


Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como… Claudia Casanova, editora de Ático de los Libros (junto a Joan Eloi Roca, la otra parte del tándem).

Me gusta leer porque… Empecé de pequeña, con la biblioteca de mis padres, y descubrí que era la mejor manera de conocer otros mundos, y de refugiarme en ellos si hacía falta. Con los años me sigue gustando leer porque devorar una buena novela y prescindir del mundo exterior es una experiencia inigualable. Un subidón.

Cuando tenía doce años quería ser… Siempre he tenido dos grandes vocaciones: la literatura y la historia. Quería ser escritora y también arqueóloga.

Hoy soy… Editora, escritora, traductora. El orden de los factores cambia según el momento vital.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… Con los años, concentro la ilusión de hablar de lo esencial que es la literatura, de las novelas maravillosas que se escriben y se publican, de los ensayos que nos enseñan cada día los límites de nuestra ignorancia, con la tribu de editores, autores, libreros, periodistas y aves de ese pelaje tan especial que optan por habitar en el mundo de las letras, pudiendo dedicarnos a oficios tan nobles y prácticos como la carpintería, el diseño de interiores o el sexado de pollos. En las bodas, a los extraños procuro preguntarles yo primero a qué se dedican. Es infalible como método de distracción.

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:… Me levanto, desayuno y me instalo en la oficina, verbigracia la pantalla del Mac. Por ahí desfilan mails, manuscritos, redes sociales, negociaciones, contratos, facturas, CVs, conferencias por Skype... Hago llamadas telefónicas, las recibo. En la oficina somos tres o cuatro según las puntas de trabajo, así que se reparten tanto las crisis como las alegrías. El trabajo sigue hasta más o menos la medianoche. El editor independiente es el hombre/mujer orquesta, y a quien no le guste eso, debe tenerlo claro. Eso lo explicamos muy bien en el Curso de Edición Profesional de Taller de los Libros, que va por su cuarta edición. Participan una docena de editoriales independientes, entre ellas Ático.

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… Por suerte, no he tenido que pasar por situaciones demasiado esperpénticas: lo habitual son autores con caprichos culinarios, etílicos, o diversos, y esos forman parte del día a día. Soy una buena conocedora de restarauntes de sushi, al menos en Barcelona y Madrid, a la fuerza, porque son los favoritos de muchos de los autores con los que he tratado.

Y lo peor… Cuando por una orden de los mandos en la editorial en la que trabajaba, tuve que deshacer diversos contratos con cedentes que habían trabajado bien conmigo durante años. Tuve citas en la feria de Frankfurt en las que pasé muchísima vergüenza y fue uno de los detonantes que me hicieron pensar en fundar mi propia editorial. Hay gente a quien eso le pueda parecer una nadería. Para mí no fue así. Al mismo tiempo, Joan Eloi Roca había llegado a la misma conclusión (un poco antes, porque es el estratega de la casa). De aquellas situaciones tan complicadas salió la editorial, que lanzó sus primeros títulos a la calle en marzo de 2010. La vida es así de irónica.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… La pregunta del millón: ¿y cómo escoges los libros? La respuesta simplemente es que te haces editor para escoger los libros que te gustan y crees que pueden interesar a la gente. Es decir, que cuando tú optas por ser editor, ya sabes cómo escoger, ya sabes qué quieres escoger. Ese no es el problema. Lo complicado suele ser convencer a los demás de que tu selección es buena. En eso estamos en Ático. Llevamos varios títulos que parecen haber convencido a los lectores, desde el primero que publicamos, Kanikosen, hasta uno de los últimos, Mi abuela rusa y su aspiradora americana, la biografía novelada de la familia del autor, Meir Shalev. Muy tierna y sarcástica a la vez.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… Podría decirte que no lo pierdo, pero no sería verdad. Lo pierdo cada cierto tiempo y lo recupero con la misma facilidad. Es un proceso inevitable y necesario. Los editores, igual que los escritores, tenemos que ser animales de largo recorrido, o de otro modo los mil y un obstáculos a los que se enfrenta una vocación cultural nos derribarían en menos de un santiamén.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… Cuando un libro conecta con los lectores. Cuando ves que la gente adora al autor que tú has sido el primero en leer y amar. Como Philip Hoare y su literatura ensayística sobre Melville y ballenas. Como la no ficción de David Simon, libros de más de ochocientas páginas sobre Baltimore, la semilla de The Wire. Como los cuentos infantiles de Santi Balmes, de los que llevamos más de quince ediciones. En una palabra, cuando la locura funciona.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… Afortunadamente hay muchos días buenos: el de la fundación de la editorial, después de muchos nervios. Participar en un proyecto que aglutina la ilusión de todas las personas que en un momento u otro han colaborado en Ático. Comprobar que hay lectores para un concepto de literatura clásica y contemporánea de autores extranjeros e ignorados como Kobayashi, Iraj Pezeshkzad, el propio Meir Shalev o Philip Hoare. Cuando cenamos con David Simon, porque es autor de la casa, en el sello de Principal de los Libros, que es donde editamos a la narrativa castellana y literatura moderna. Ver la ilusión de los autores al tener sus libros editados en sus manos. Conseguir los derechos de traducción de un autor que parecía inalcanzable. Es un trabajo hermoso, cuando te paras a pensarlo.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… Viajar, dormir, ver series de televisión, revisitar el cine clásico.

Así es como veo el futuro de mi profesión… El futuro, ¿en qué país? Porque España tiene graves problemas, desde la consolidación real de una población lectora, pasando por la definición del negocio digital, por no mencionar la construcción de un tejido fuerte a nivel comercial, y no solamente cultural, de editoriales y librerías independientes. El futuro de la edición en Inglaterra, Francia o Italia es una cosa más halagüeña, aun cuando también tienen sus problemas. Nosotros aún tenemos que ver primeras novelas literarias vendiendo en la rentrée lo que venden en Europa, decenas de miles de ejemplares. ¿Lo veremos? No lo sé.

Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… Leyendo.

El último libro que he leído ha sido… The Luminaries, de Eleanor Catton.

Y lo conseguí en… Foyles, en la pasada feria de Londres. Podía haberlo comprado por Amazon, pero prefiero hacer mis compras en librerías (físicas).

Y el primero que recuerdo que leí fue… Los volúmenes de la biblioteca juvenil de Editorial Molino, los devoraba a pares. Verne, Scott, Rider Haggard. Pero el primer deslumbramiento fue Zweig, cuya obra estaba entera en la biblioteca de mis padres, en aquellas ediciones con papel de biblia.

En mi mesilla tengo ahora para leer… Manuscritos, manuscritos. 

Me gustaría añadir que… Los que quieran ser editores deben leer a Mario Muchnick, porque en sus memorias está la verdad como sólo un editor puede contarla. Es decir, a medias pero muy bien contada.
 .


Bautismo de No hay tres sin dos en la Librería Cámara de Bilbao



Algo escribió Luis Eduardo Aute en el prólogo de Cuentos chinos sobre «la irregularidad caótica justificada por el contenido» de mis cuentos. Yo agregaría que el caos, entendido como algo que sucede para desarmar el orden que uno se empeña, inútilmente, en conseguir, se extiende al resto de mi vida.
Les cuento esto, porque nunca se me habría ocurrido imaginar que la presentación «mundial» de mi último libro sería en Bilbao, ciudad muy especial para mí, y a la que regreso después de unos cuantos años, uno más otro menos. De hecho, por aquella época, nada más lejos que pensar en escribir un libro. Mucho menos cuatro. Esa primera vez, como siempre que he cambiado de país, ciudad, continente, fue por un amor. ¿Por qué sí no?

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Alejandro Zenker. “Una historia de las resistencias a los futuros del libro”, publicado en la revista española Texturas…


Recibo con beneplácito el número veintitrés de la revista española “Texturas”, en la que figura mi texto “Una historia de las resistencias a los futuros del libro”. Esta publicación, que aparece desde 2006, es un espacio de encuentro, reflexión, análisis y debate en torno a la edición, la lectura y la cultura escrita, con una especial dedicación a la cooperación e intercambio con la realidad cultural en el ámbito del español.

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