Liber 2014

Bernabé Naharro Sanz. Un estado de ánimo



Me llamo… Bernabé Naharro Sanz



Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como… De librero se me conoce como Berni.
Durante un muy breve tiempo probé con un blog en el que escribía como Bernie Ohls, Librero Hard-boiled, pero no fui lo suficientemente disciplinado para mantenerlo.

Me gusta leer porque… Me completa. Estimula mi fantasía. Creo en las historias. Me hace sentir. Sólo son algunas de las razones.

Cuando tenía doce años quería ser…Es posible que quisiera ser superhéroe... Imagino que eso no dice mucho a favor de mi cordura... ¬¬U

Hoy soy…El proyecto de un narrador (no me gusta la palabra escritor, y respeto demasiado la palabra autor; yo quiero ser narrador) Trabajo en una novela. El tiempo dirá.
Y también soy librero porque, aunque actualmente no ejerza, ser librero (librero de verdad) es como ser Vengador: librero una vez, librero por siempre.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…Acostumbro a decir que estoy enfermo y acumulo libros porque tengo Síndrome de Librógenes. :P
Lo cierto es que siempre me han atraído los libros y, lo más importante, los he tenido a mano.
En mi casa debe haber grabaciones en vídeo BETA en las que, con siete u ocho años, ya estoy con libros de animales o dinosaurios. También con esa edad recuerdo una tarde/noche de lluvia tremenda en Durango. Salí corriendo para que me diera tiempo a comprar dos librojuegos tipo “Elige tu propia aventura” en una librería que no estaba precisamente cerca de mi casa (me gustaría saber si sigue existiendo) antes del entrenamiento con el equipo de futbito del colegio. Me calé hasta los huesos pero eso no me importaba. Los libros, sin embargo, sí que me preocupé de que estuvieran bien resguardados entre la ropa en la bolsa de deporte: tengo la imagen grabada de, una vez llegado al vestuario, abrirla para asegurarme de que estaban secos. 

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…A día de hoy, mi pareja y yo nos levantamos por la mañana y vamos a la biblioteca de Badajoz donde está cubriendo una baja. Mientras ella trabaja en lo suyo, yo trabajo en lo mío: escribiendo, leyendo, tomando y releyendo notas... A la una y media volvemos a casa, almorzamos, hacemos las tareas domésticas que encarten y reposamos un poco para luego regresar a la biblioteca de cinco a ocho. A la salida, hacemos compra y de nuevo para casa. Todo bastante anodino.
Lo cierto es que lo más excitante de mi día a día (dejando aparte el trabajo en la novela) es cuando entro a primera hora de la mañana en mi cuenta de Comunio para ver si me he llevado los futbolistas por los que he pujado en la subasta del día anterior (hoy me llevé a Abraham Minero, defensa del Eibar). Como soy hipertenso severo me viene bien que sea así (quien no se consuela es porque no quiere).
Los fines de semanas estamos aprovechando para conocer la zona (Badajoz, Mérida, Elvas…).

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…Ciñéndome a historias dentro de mi oficio (que son unas pocas porque a las librerías acuden muchos locos) creo que me quedaré con una que vino a ser más o menos así:
Estaba en uno de los mostradores de información, pendiente de la pantalla del ordenador, cuando oí que un cliente soltaba con fuerza una pila de libros sobre la mesa. Levanté la vista y vi que me miraba de manera intensa, sin parpadear. A continuación miré los libros: eran cuatro y todos de esoterismo. Sólo recuerdo que uno de ellos era “Las profecías de Nostradamus”. Me hice cargo rápido de la situación.
-Buenas tardes -dije.
-¿Aquí reservan los libros? -me dijo el cliente sin mediar saludo
-Sí.
-¿Cuánto tiempo?
-Una semana.
-Vale -me dijo.
Puse las manos sobre el teclado del ordenador y dije:
-Dígame sus apellidos.
-¡No, no! ¡Yo no quiero dar mis datos!
-Si quiere hacer una reserva tengo que registrarla en el ordenador y tengo que registrarla a un nombre.
-¡Pero yo no quiero dar mis datos!
-De acuerdo, como quiera. Entonces yo no puedo hacerle la reserva.
Todo esto, él sin dejar de mirarme fija e intensamente, y yo totalmente relajado, monotono (no monótono), con todo el cuajo. Durante unos segundos se hizo el silencio entre nosotros, sin dejar de mirarnos, hasta que me dijo.
-Vale.
-¿Vale qué?
-Le doy mis datos.
Volví al ordenador.
-Dígame su primer apellido
-Vicente [no recuerdo los nombres, sólo que eran nombres]
-No, no, su primer apellido.
-Vicente -insistió.
Y en el primer apellido puse Vicente.
-¿Su segundo apellido?
-Ramón.
Y puse Ramón. Para qué insistir.
-¿Su nombre?
-Gloria. -Y cuando estaba tecleando Gloria en el nombre, como para justificarse, añadió:- Es que tengo muchos nombres.
-Ya -dije yo. Cogí una goma elástica, se la puse a los cuatro libros, puse la pegatina con el código de cliente y añadí.- Los tendrá reservados una semana. Sólo tiene que venir a cualquiera de los mostradores de información, dar su nombre y se los sacarán de la reserva.
-Vale. –Nuevamente se hizo el silencio … para, finalmente, preguntar:- ¿Puedo irme ya?
-Sí.
Y con paso acelerado se fue de la librería.
Una vez se hubo marchado, entré en la ficha que había creado y puse en observaciones que Gloria Vicente Ramón era un hombre que había apartado unos libros de esoterismo cuya reserva había que anular en una semana. Los puse con el resto de las reservas y lo primero que hice cuando entré a trabajar una semana después fue anularla.
Porque, lo mismo que el asesino de Juan Jacinto Muñoz Rengel, yo soy un librero de moral kantiana.

Y lo peor… La muerte de un compañero.
Respecto a lo peor del mundo del libro (generalizando) diré que los autores. Algunos me dicen que lo peor son los agentes literarios. No lo sé, la verdad, pero no lo creo.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… Preguntarte si te has leído todos y cada uno de los libros, si los libros no tienen rebajas en enero, si el libro de bolsillo está completo. Pedirte libros con títulos equivocados (¿a qué librero no le han pedido Los pilares del mundo?) o autores erróneos (como El jugador del Doctor Yevsky), o supuestas novedades que llevan dos años a la venta, o libros que has de adivinar con la única información del color y el formato de la portada (somos una suerte de oráculos)…

También están los profesores preguntando si hay descuento para profesores; los autores que vienen el día que sale a la venta su libro y, pese a estar evidentemente colocado a la vista y en cantidades ingentes, te recriminan que no ven su libro porque no lo han visto donde piensan que debería estar (o en el escaparate); los clientes que quieren acertar sí o sí con el libro que regalen y no tienen ni idea de los gustos (ya no sólo los literarios, sino incluso los cinéfilos o musicales) del obsequiado; también aquellos que juran y perjuran haber visto en El Corte Inglés un libro que saldrá en dos meses, o los que, en Navidades, cuando ya se ha agotado en todas partes el bestseller del momento, te preguntan si no tendrás alguno por ahí escondido; y también los que le dan la vuelta a libros de Pío Moa y César Vidal (o Felipe González y Josep Fontana) en la mesa de novedades de ensayo…
Es una pequeña muestra. Son tantas cosas… J Las Libreras Resoplantes saben mucho de esto.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…Puntualmente cuando me he sentido desbordado, algo muy común si eres librero. En una librería siempre hay trabajo que hacer (y que queda sin hacer).
También me descorazona muchísimo pensar que vivimos en un mundo (tanto el mundo en general como el del libro) en el que no importa tanto lo que valgas como el precio al que te vendas.
Pero soy un idealista que procura resistir.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…Hacer una recomendación, que el cliente vuelva para darte las gracias y veas brillo en sus ojos cuando rememora la historia leída. No tiene precio.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…Buufff, hay muchos. Puesto a decidirme me quedaré con los días de San Valentín. Compraba rosas y bombones que mis compañeras recibían anónimamente en el trabajo. Resulta increíble cómo un detalle tan nimio envuelto en un poco de misterio podía alegrar y animar el día.
Llegabas en el turno de tarde y las veías sonrientes, con la comidilla de adivinar quién podía haberlas mandado. Logré mantener el misterio unos cuantos años. Algunas sospechaban de mí pero yo lo negaba y, como acostumbro a ser bastante sincero, me creían y volvían a sus dudas.
Las pobres no podían saber que soy bastante sincero, sí, pero soy aún más tímido, aunque lo disimule.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…Dormir. Me encanta. Soy muy marmota.
También me relaja jugar a RPGs (Role Playing Games) de videoconsola. Cuentan bonitas historias, no son muy exigentes en atención y acostumbran a ser bastante automáticos en su juego. Me hacen entrar en una suerte de ZEN.

Así es como veo el futuro de mi profesión…Todo invita a ser pesimista. Yo, por mi parte, pienso que todo depende de la sociedad que resulte de esta última crisis, que no es tanto una crisis económica como de valores. Si se refuerzan los valores, si la sociedad se conciencia, el libro y los libreros ganarán peso e importancia, y el futuro será mucho más luminoso. Si no… bueno… será todo mucho más duro y oscuro pero quiero creer que sigue habiendo un montón de gente que sueña con montar una librería y de libreros que siguen apasionados por su oficio: alguno tiene que acabar dando con la tecla (o teclas) que garantice un modelo de negocio viable y con futuro.
Yo, allá donde voy, estoy pendiente. En Málaga, por ejemplo, hace pocos meses ha abierto una librería de segunda mano llamada Hombrecillos Verdes, especializada en ciencia ficción, terror y fantasía; aquí en Badajoz, he conocido Tusitala, una librería muy coqueta que apenas tiene un año… Intento comprender sus modelos, dialogar con sus dueños… Siempre les recomiendo que se lean Vender el alma: el oficio de librero de Romano Montroni (Fondo de Cultura Económica) si no lo han hecho ya. Procuro seguir aprendiendo pero, sobre todo, que mi propia experiencia pueda serles de utilidad.
 
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… Con Vero, mi pareja. Todo lo demás no importa.

El último libro que he leído ha sido… La rubia de ojos negros, de Benjamin Black (Alfaguara). Y me gustó mucho. Realmente suena a Chandler.
El último cómic ha sido Asgard: Edición Integral (Norma). Quiero citar cómics porque muy posiblemente hayan hecho tanto o más que los libros para convertirme en lector.

Y lo conseguí en… El libro en Librería Luces (Málaga), por supuesto. Los cómics los compro siempre en En Portada Cómics (Málaga) pero este último lo he pillado en Badajoz, en la librería Tusitala antes mencionada.

Y el primero que recuerdo que leí fue… Lo tengo clarísimo: Las columnas de Pentegarn (de Rose Estes, editado por Timun Mas), un librojuego de fantasía sacado de la biblioteca del Colegio Público Landako, en Durango, donde estudié hasta los diez años. A partir de ahí fue un no parar. Lo tengo dos veces y daría lo que fuera por tener ese que saqué de la biblioteca.

Respecto a los cómics, tengo también clarísimo el que me inició en el coleccionismo: fue el número 141 de Spider-Man en Forum. 
 
Posiblemente el primero fuera un Mortadelo y Filemón (no hay mejor cómic que un buen Mortadelo y Filemón)  pero no lo recuerdo.

En mi mesilla tengo ahora para leer… Meridiano de Sangre (Cormac McCarthy, Mondadori), Tiempo para crear, tiempo para matar (Lawrence Block, RBA Negra), La Guerra Interminable (Joe Haldeman, Byblos) y Reconquistar Plenty (Colin Greenland, Martínez Roca Gran Superficción).
También Short Cuts (Raymond Carver, Anagrama) y El simple arte de escribir (Raymond Chandler, Emecé) para releer.

Me gustaría añadir que… Soy un idealista y procuro ser optimista porque ser pesimista no creo que lleve a ninguna parte que merezca la pena. Sé que es difícil (más en los tiempos que corren) y muchas veces nos cuesta, pero hay que lucharlo.
Creo en el libro. Pienso (como Robert Darnton dice en Las razones del libro) que el libro ha resultado ser menos perecedero que todos los soportes digitales, y quiero creer que tiene futuro. La alternativa sería demasiado terrible.
Pero, repito, hay que lucharlo y todo empieza por que revisemos nuestros valores.

Enlaces:
Librería Luces: www.librerialuces.com
Librería Tusitala: http://www.libreriatusitala.es/
Librería Hombrecillos Verdes (Facebook):




Trama&TEXTURAS 24 ya en la calle. 8 años circulando y queremos celebrarlo

24 números, 8 años y seguimos en este maravilloso alambre de complicidades que apoyan y animan para que este proyecto siga adelante.

Saludamos también y os presentamos a los nuevos miembros del Consejo Editorial: Margarita Valencia, Joaquín Rodríguez, Tomás Granados, Alejandro Katz, Bernardo JaramilloMartín Gómez, 

Buscamos nuevos cómplices con los que seguir tejiendo y avanzando.

Así que si te animas a suscribirte en papel (45 euros)

por primera vez o a renovar la suscripción porque ¡ya toca! te ofrecemos tres incentivos para que escojas el que más te agrade:

1. Recepción durante el periodo de suscricpión del boletín digital semanal Texturas Express (ver modelo)

2. Envío junto con el primer número de la Revista que recibas de uno de los siguientes títulos de la colección Tipos móviles: La cara oculta de la edición ; Memoria de la librería ; Editor ; Conversaciones con Giulio Einaudi ; Escritor en la sombra ; La travesía del libro.

3. Con tu suscripción regalamos a una Biblioteca Pública otra suscripción para el año 2015 (números 25, 26 y 27). Te comunicaremos puntualmente la Biblioteca que recibe la suscripción y comunicaremos a la Biblioteca quién le ha conseguido la suscripción.

Basta con que nos comuniques tu elección en el campo de observaciones a la hora de realizar la suscripción.

¿Te animas?

Os dejamos el índice de este último número.



01_Asta
El coleccionista de libros

02_Anillo
Los derechos de los lectores
Datos recientes sobre el impacto de la «Larga Cola» sugieren
una nueva reflexión sobre la historia y las ideas acerca del futuro de la industria editorial
Una biblioteca digital mundial se hace realidad
Una visión pragmática y empírica del escenario digital
iberoamericano del libro
Amazon y las habichuelas mágicas
Las lecciones que el éxito de Podemos debe dar al mundo editorial
Leer, editar
La prescripción tranquila: nuevas propuestas de valor en entornos conectados
El derecho a la cultura como bien común

03_Brazo
El exilio español en México. Reencuentro y proeza en tinta y papel
Séneca, una casa para la resistencia (1939-1947)

04_Serifa

05_Cola
Walt Whitman y la imprenta
Librería Telos
Microrrelato
Técnicas varias

06_Rebaba
Libros y blogs


Números anteriores

Tanto si quieres completar tu colección de la Revista como si quieres consultar las ventajosas condiciones para publicidad en los distintos soportes de Trama puedes escribirnos a promociontramaeditorial@gmail.com

Si deseas recibir información de futuras ofertas o promociones suscríbite a la lista de información.




Paula Corroto. Un estado de ánimo. La lectura nocturna




No me gusta dormir y creo que no me ha gustado nunca. Lo sé porque desde cría recuerdo meterme pronto en la cama –cuando me mandaban mis padres- y coger un libro para estirar un poco más las horas de vigilia. No sé cuándo exactamente aprendí a leer, pero supongo que desde entonces llevé a cabo este ritual por el cual han pasado los años y continúa indemne. De hecho, ahora se ha convertido en una especie de adicción, como un valium, y es rara la noche en la que no coja un libro.


Me gusta más leer de noche que de día. No sé, el día creo que está para otras cosas, pero por la noche es como si mi cerebro se activara y me pidiera entrar en esas historias. Leer me provoca mucho placer, en definitiva. Me reconforta, me hace conocer cosas nuevas, pensamientos que alguna vez se me pasaron por la cabeza y que compruebo que otros los han pensado también. O historias que jamás viviría pero que está bien que otros las cuenten. 


Dicen que el mercado del libro está mal. Que sólo hay novelas malas. Bueno, es cierto que hay mucha basura, mucho papel mal utilizado. Y de ahí quizá se entienda que las cifras de venta no remonten. De hecho, no creo que la debacle tenga mucho que ver con lo digital y el pirateo. En este país nunca es que se haya leído demasiado, siendo sinceros. Lo más promocionado es, la mayoría de las veces, muy insulso, muy cutre, y no me estoy poniendo pedante. Es más, lo que pasa es que hasta el lector más normalito se da cuenta de que hay mucha tomadura de pelo. Y dice basta.


Pero, hecha la crítica, no hay que ponerse agoreros. También en los últimos tiempos se encuentran joyas y editoriales que publican con un gusto exquisito, que se lo toman en serio y no sólo en pro de los números. Sellos como Capitán Swing, Mondadori (y esta es una grande), Anagrama, Periférica, Nórdica, Seix Barral… siguen lanzando novelas y ensayos que merecen mucho la pena. Quizá sólo haya que rascar un poco o darle más espacio en los medios (y ahí me hago la propia autocrítica).


Y siguen estando las bibliotecas, donde ahí sí que hay joyas de todos los colores. Yo misma soy una gran usuaria de ellas porque puedo encontrar libros de hace diez, quince años que no he tenido tiempo para leer y que tengo pendientes. Recientemente he vuelto a uno de mis autores preferidos, Martin Amis, del que me he leído casi todo. Y ahí estaba, todo en la biblioteca. 


Dicen que no son buenos tiempos para los libros ni para la lectura, pero opino que no hay que ver sólo la cara negra de la historia. En librerías, en bibliotecas (ay, si hubiera más catálogo en digital…) se pueden encontrar aún esas historias que te remueven, que hacen que pase algo. Porque eso es lo más interesante de estar aquí, ¿no? Que algo pase, que te den una punzada, que algo te haga replantearte el prejuicio y el tópico. Por experiencia y porque sí, siempre he pensado que los libros hacían eso. Y cuando eso pasa el gustirrinín es brutal. Es para probarlo. 

Paula Corroto

Me llamo… Paula. 


Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como… Paula Corroto.


Me gusta leer porque...Me da placer, me reconforta, me abre la mente, me enseña cosas.


Cuando tenía doce años quería ser… periodista, detective.

Hoy soy… periodista.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… me siento bien haciéndolo.

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:… escribir sobre libros que tampoco son tan buenos (aunque otros sí).

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… No recuerdo.

Y lo peor… No recuerdo.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… que le recomiendes libros.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… tengo que leer muchas patrañas.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… descubrir cosas buenísimas.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… supongo que cuando entrevistas a algún escritor que te gusta o te sorprende tipo Gay Talese, Houllebecq.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… dormir, viajar, leer revistas.

Así es como veo el futuro de mi profesión… complicado, regular.

Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… No sé, viajando, leyendo sólo lo que me interesa.

El último libro que he leído ha sidoEn el dique seco, de Augusten Burroughs.

Y lo conseguí en………. ¿leerlo o adquirirlo? Lo pillé en la biblioteca, lo leí en cuatro, cinco días.

Y el primero que recuerdo que leí fue……… como todo el mundo, un libro infantil, pero a mí se me ha quedado grabado fue 'El pirata garrapata'.

En mi mesilla tengo ahora para leer… 'Desgracia', de Coetzee.

Me gustaría añadir que…………… bueno, me gusta lo que hago.

 

El escritor y su editor. Joseba Louzao

La relación entre un escritor y su editor es un enigma tan hermético como inseguro, sobre todo, cuando este encuentro se ha fundado en libros y discusiones. Ambos saben, como reconocía el editor italiano Giulio Einaudi, que no todos los días es posible conocer a alguien interesante y extraordinario. Cuando eso sucede en el mundo literario se afianza una dependencia vital que trasciende el olor de una página nueva. La edición es experiencia y relación, intercambio y conversación. Pese a todos los reconocimientos que puedan llegar a alcanzar, juntos o por separado, nuestro escritor con su editor reconocerá siempre que no se puede sacralizar absolutamente nada. Cada uno defiende su labor y su buen hacer. En juego se encuentra el éxito o el fracaso y, por ello, se reconocen y se necesitan. El desencuentro más cerrado puede estar, incluso, en la colocación de una coma.

Jean Echenoz es una de las voces más penetrantes y sugestivas de la narrativa actual francesa, junto a Pierre Michon y Pascal Quignard, pero en los inicios del lejano enero de 1979 todas las editoriales rechazan su primera novela. Duda y pasea por un París nevado hasta que recibe una noticia increíble: Jérôme Lindon ha llamado para interesarse por su trabajo.

Seguir leyendo

Pablo Odell. Un estado de ánimo


Personalmente, bueno.


Trabajo con personas que están pensando, creando, conversando, compartiendo en red, escribiendo y leyendo. Por todas  partes. Y es genial que en medio de todas las formas que hoy tenemos a disposición, muchos sigamos confiando en los libros como canal: corpus en red,  en papel o en cualquier soporte electrónico. Es genial, digo, porque alguien tiene que hacerlo y alguien pagar por ello.

Como editor: al final del día uno se siente que es necesario, que su trabajo hace falta, que vale la pena y que para alguien del público, puede resultar un don o una dádiva, un bien, un producto o un servicio, por el que estará dispuesto a retribuir.

Como lector: accedo gracias a la lectura a un corpus como jamás de libros información y conocimiento, en formatos y soportes de todo tipo, que interactúan conmigo, con otras personas y en red, durante la lectura; ya no sólo de palabras escritas. El libro siempre fue más allá de sus páginas. Es su naturaleza: exocerebral.

Como  escritor: desarrollo una buena parte de mi actividad por escrito, comparto en Facebook&Twitter, escribo en varios blogs por diversos temas, proyecto ideas y mantengo correspondencia – aquello que llamábamos cartas – con varias personas de diversos países europeos e iberoamericanos. Nunca fue tan fácil, tan ágil, el contacto lecto-escrito.

En un  marco definido por el español, aunque trabajamos en inglés y en catalán, me gano la vida en red con otros profesionales, desde mi propia empresa, Pensódromo. Orientados a mercados fragmentados en
porciones pequeñas; proyectos diferentes con características propias adaptadas a cada caso; en los que participamos de  manera diversa (como diversa suele ser la financiación y por lo general, la hoja de ruta).

Y, como hombre: más ocupado que preocupado en ser parte de una familia; más ocupado que preocupado por entender lo que nos pasa como sociedad y comprender lo que hacemos, como seres humanos, con lo que nos pasa como sociedad; que ya nunca más, quedará limitada a la idea de “esta donación”. Un ser aquí, ahora y en red.

Una vida y un hacer en ella en todo lo humanamente posible a escala personal; donde las equivocaciones tienen arreglo, los errores pueden corregirse y los viajes, viajarse; donde las metidas de pata –mete la pata quien camina– se pueden asumir con dinero, con trabajo o con ambas cosas; donde las relaciones tienen nombre de pila, gestos y abrazos, y se basan en una confianza generada de a poquito y con buena letra.

En todas partes mucho necio, mucho cretino, mucho ladrón, mucho violento; desviados sin duda de los caminos del amor pero , en todas partes también, gente linda, personas copadas, el personal haciendo cosas interesantes, con quienes vale la aalegría de compartir y participar.


Dentro de los Derechos Humanos, todo. Fuera de los Derechos Humanos, nada.



Pablo Odell / Pensódromo /
www.pensodromo.com/21

OTROS ESTADOS DE ÁNIMO 
 

Bennett Cerf y la época dorada de Random House. Josep Mengual

Todos fuimos muy honrados, y cuando la gente es así la cosa funciona para todos.
Bennett Cerff, Llamémosla Random House.

Bennett Cerf (1898-1971)

En los libros de memorias de los grandes editores, en particular de los estadounidenses, es común encontrar, entre otras cosas, retratos de autores importantes realizados a partir de alguna anécdota significativa, una línea argumental acerca de la evolución del mundo editorial, consideraciones sobre el oficio de editar textos y notas más o menos cómicas tras las que se adivinan una serie de juergas, excesos o jolgorios más o menos notables.  Llama la atención, por ejemplo, que en Egos revueltos, de Juan Cruz, los jolgorios sean tan abrumadoramente numerosos en comparación con el relato (apenas existente) sobre cómo se editó tal o cuál libro, qué sugerencias de mejora se hicieron al autor antes de publicar un libro y si los aceptó o no, qué autores requerían un mayor y más profundo trabajo de mesa y cuáles no. Quizá se debe a que el libro de Juan Cruz no es en sentido estricto un libro de memorias, pero su libro acaso puede transmitir una imagen del oficio de editar como propia de diletantes y gente de mal vivir que casi nunca se corresponde con la realidad.



Cuanto más conozco a Amazon más valoro el trabajo de la edición y la librería independiente. Bernat Ruiz

Cuanto más conozco a Amazon más valoro el trabajo de la edición y la librería independiente. Hace tiempo que no compro libros en Amazon –con la única excepción de un libro digital que sólo está disponible ahí. Hace tiempo que no enciendo mi Kindle –aunque sí la App del iPad o del smartphone- para leer los libros que compré en su día. Hace tiempo que no me siento cómodo comprando en Amazon. 

El título de este artículo está inspirado en el libro “En los dominios de Amazon” de Jean-Baptiste Malet. Que nadie me acuse de frivolizar con ciertas cosas si antes no ha leído el libro del mencionado periodista francés para entender el trasfondo totalitario del modelo de negocio de Jeff Bezos. La relación que yo establezco no es absoluta sino relativa. Amazon no mata a nadie, no obliga a nadie a trabajar en sus centros logísticos, no hace nada exactamente ilegal, al menos no más que otras empresas. El problema con Amazon –y con esas otras empresas- es de valores. Antes que alguien crea que podemos meter a todos en el mismo saco, atentos a ciertas iniciativas de IKEA, en todas partes cuecen habas pero no todas se cocinan igual. Vamos todos en el mismo barco, pero no todos remamos en la misma dirección ni ponemos el mismo empeño.

Enrique Redel. Un estado de ánimo



 Me llamo Enrique Redel



 Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como...  Que yo sepa, como Enrique Redel. O bien como Redel, a secas. Con el apellido acentuado llano o agudo, una cuestión controvertida que ni yo mismo sé dilucidar.

 Me gusta leer porque Porque cuando leo es el único momento del día, además de cuando duermo, en que estoy conmigo mismo de verdad. Cuando lees, el mundo de alrededor se apaga, y el lector desaparece. Porque si algo nos hace humanos es la curiosidad, y porque leer la sacia. Porque leer me saca de aquí, y me lleva a otros sitios que no conozco.

 Cuando tenía doce años quería ser Dibujante de cómics. Escritor. Profesor de literatura.

 Hoy soy Editor de libros.

 Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que No suele ocurrir. Quizás porque mi trabajo es mi pasión, la mayoría de la gente con la que hablo es del sector, o bien conocen mi trabajo. Pero para los "desconocidos", primero, suelo hacerlo como pidiendo disculpas (es habitual que te pongan cara de extrañeza cuando les sueltas que eres "editor"). No es algo de lo que presuma, editar libros. Me preocupa no ser bien entendido. En plan labor didáctica, les digo que me dedico a elegir libros que me interesan, narrativa sobre todo, y que luego los publico a mis expensas. La gente no suele tener ni idea de lo que les hablo, y no entienden cómo alguien se puede dedicar a algo llamado "editar libros". No conciben que exista algo entre el escritor (una estrella siempre, para ellos no existe el escritor que a la vez es contable o funcionario, que es lo habitual) y el librero. Como mucho está el impresor. Tienden a pensar que los escribimos nosotros y luego nos los pagamos. En fin, la labor de explicación del cómo y el porqué es complicada. El cine y la televisión nos ha hecho mucho mal. La gente ve demasiadas películas y en ellas los autores son siempre exitosos y millonarios. Y el editor no existe.

 Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:  Una carrera contrarreloj en la que tienes que hacer muchas cosas a la vez todos los días (leer en varios idiomas, corregir, cotraducir, escribir, responder a periodistas, hacer llamadas, hacer cuentas, rellenar y cargar cajas y sobres, ir a correos, idear estrategias, escuchar a autores, traductores, distribuidores, asistir a comidas, a cafés, a cenas, visitar librerías, en tu ciudad y fuera, ir en tren, en avión, en coche a los sitios más dispares). Las semanas tienen siete días y los años doce meses. Y se suele planificar con tu distribuidor o con tu equipo cuándo te casas o cuándo te vas de vacaciones o cuándo conviene que te operes de algo no muy urgente, pero molesto.

 Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… Tuve que explicarle a la simpática señora de Correos, a la que conocía desde hacía aproximadamente un año, que yo no escribía todos los libros que llevábamos cada semana a su oficina. Creo que debía de hacerse cruces con mi capacidad creativa. Aunque, como todo el mundo sabe si ve la televisión, los libros se escriben generalmente en quince días, en un resort caribeño, un café bohemio o durante unas vacaciones de semana santa en que uno está inspirado. La gente ha visto muchas películas.

 Y lo peor No suelo tener muchas experiencias negativas editando libros. Siempre pasan cosas desagradables, evidentemente, pero casi siempre se acaban compensando con experiencias satisfactorias. Como mucho, hay libros en los que confías y que al final no cuajan. O libros que, por alguna razón, te salen mal en el peor momento. Pero la sangre nunca llega al río.

 Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con La cantinela de que los libros son caros, que los libros electrónicos tienen un precio abusivo, que toda la cultura debería ser gratis, porque cobramos todos de la SGAE. Que el libro en papel va a desaparecer en diez años (recuerdo que hace diez años también lo decían, incluso me pidieron un artículo hablando de ello, que se publicó) y que los que pensamos lo contrario (en una convivencia fecunda, con cierta ventaja del papel para el género ficción clásica) estamos anclados en un pasado romántico.

 He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando Aún no he perdido el entusiasmo. De los pocos lujos que tiene ser editor, el mayor es que puedes hacer lo que quieres, publicar lo que te gusta, y eres dueño de tu tiempo y de tu vida. Y te rodeas de la gente que te interesa. Con esas premisas, perder el entusiasmo sería de imbéciles.

 Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es Encontrar un buen título para publicar. Cuajar una buena portada. Tener un libro nuevo, recién sacado de la caja en las manos, ver que la imprenta ha hecho un excelente trabajo (a uno le apetece salir con el libro a la calle, presumir de él en tanto objeto bello) y dárselo al primer librero, enviárselo al primer periodista, con una nota. Estas experiencias superan con creces una página en un suplemento cultural, o una facturación buena, incluso un éxito de ventas.

 El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando Una mañana de octubre de 2008, Javier Cambronero, buen amigo, distribuidor y gran promotor de nuevas editoriales (él fue el responsable casi personal de que la nueva camada de sellos jóvenes de mediados de los años 2000 llegáramos a establecernos) nos fue llamando a todos los editores de Contexto, uno a uno, anunciándonos que habíamos ganado el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial. Yo estaba en Barcelona y recuerdo que me pareció imposible. Antes que nosotros habían sido premiadas editoriales como Anagrama, Tusquets, Crítica, o editores como Jaume Vallcorba, auténticos referentes de una generación de lectores a la que yo pertenezco. Hablé con Luis Solano, editor de Libros del Asteroide, y montamos una comida para celebrarlo. Por encima de la importancia que pudiera tener el premio, fue la constatación de un cambio generacional en el mundo de la edición, que dio paso a excelentes proyectos que nacieron bajo el paraguas de ese premio: Errata Naturae, Libros del KO, Blackie Books, etcétera.


 Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… A leer por placer. Preferiblemente al aire libre, en la casa que tengo fuera de Madrid. Tampoco es que sea nada del otro mundo, pero hay un par de árboles y una pérgola bajo la que refugiarse del sol. Compro muchos libros a lo largo del año que voy reservando para cuando tengo dos días libres. Aun así, estamos intentando acotar nuestra jornada laboral y tener al menos un día de descanso a la semana. La labor editorial siempre es voraz, siempre hay cosas que hacer, nunca acaba, y hay que ponerle coto, o bien contar con un equipo que te ayude.

 Así es como veo el futuro de mi profesión… Editar libros es cada vez más fácil (en el sentido de "accesible") por causa de la tecnología. Cualquiera con un capital mínimo, conocimientos de diseño y el software adecuado puede lanzarse a editar libros. Ante tal panorama, el editor ha tenido que convertirse en alguien mucho más especializado. Es fundamental si quieres que tu proyecto dure más de los seis meses en que se te acaba el dinero. El editor, antes en su torre de marfil, se verá obligado a salir más, a estar más presente, a manejarse hábilmente en las redes sociales, a reaccionar más rápido ante las tendencias marcadas por los lectores. Si antes el editor era un tipo con financiación y gusto literario, ahora ha de ser también un comunicador, y tener más puesta su atención en las innovaciones de la tecnología, en las nuevas maneras de distribuir contenidos y en la aceptación de la virtualidad del libro. Del objeto (casi artesanal) se pasa al contenido, flexible para muchos formatos, y al proyecto nunca acabado, siempre en construcción. Si no se aceptan tales premisas, uno estará abocado al fracaso.

 Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… Viajando y leyendo en algún sitio tranquilo. No descarto, no obstante, el modelo alemán: retirarme a algún lugar templado con playa y abonarme a la vida tranquila. Lo que pasa es que, según están las cosas, y con lo poco que cotizamos los autónomos, me parece que eso es más un sueño que una perspectiva con visos de realidad.

 El último libro que he leído ha sido… Como editor, la versión que irá a imprenta de La vida sin armadura, de Alan Sillitoe. Como lector, Un paraíso inalcanzable, de John Mortimer (que ha editado Libros del Asteroide).

 Y lo conseguí en...  El libro que he leído como editor, no hace falta que lo explique. Un paraíso inalcanzable, de John Mortimer, me lo regaló su editor en la última Feria del Libro. Lo reservé para las vacaciones. Aun así, compro una media de dos libros a la semana en librerías. El último, El país de la canela, de William Ospina.

 Y el primero que recuerdo que leí fue En mi casa siempre se ha leído mucho, a pesar de que vengo una familia de clase media muy normal, nada académica. Tanto mi abuelo como mi madre eran lectores compulsivos. A ellos, en grandísima parte, sobre todo a mi madre (que leía por placer, con fruición, no por obligación ni por elitismo), debo mi afán lector. Supongo que debieron de regalarme algún tipo de libro sobre historia sagrada cuando era pequeño, porque andaba con cinco o seis años obsesionado con Adán y Eva y con Moisés (como decía Umberto Eco, el Pentateuco es "Puro Salgari"). No obstante, el primer libro que recuerdo haber leído y disfrutado (con título y autor) era uno llamado Negrito Revés, de Poli Michelis. Contaba las aventuras de un niño de suburbio en una ciudad americana llamada Belmore. Lo leíamos en clase, en segundo de EGB, en una especie de biblioteca de aula, y a mí me apasionaba. Era muy divertido. Nunca he vuelto a encontrar un ejemplar, pero lo reconocería a la primera si lo viera.
El primer libro que compré como lector adulto, no obstante, fue La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Fue en la desaparecida librería El Aventurero, en la calle Toledo. Hoy es una tienda de souvenirs de Madrid, y el día en que cerró casi me muero de pena.

 En mi mesilla tengo ahora para leer… Las Novelas de Stefan Zweig editadas en un solo tomo por Acantilado.


 -          http://impedimenta.es/portada.php



-                http://danielheredia.com/enrique-redel-no-quiero-publicar-lo-mejor-de-cada-tradicion-sino-libros-que-yo-me-compraria/

OTROS ESTADOS DE ÁNIMO