Imanol Aguirre Illarramendi. Un estado de ánimo

Me llamo… Imanol Aguirre Illarramendi 

Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como…
el hijo mayor de Maria Florentina, la librera de Garoa. Imanol(txo). El pequeño en altura comparándome siempre con mi hermano Eneko que casi mide 2 metros. El de  la librería “Garoa”.

Me gusta leer porque… soy muy libre(sco).

Cuando tenía doce años quería ser… florista. Tener mi tienda de flores y un invernadero repleto de flores de todo tipo y colores.

Hoy soy… librero y la librería está repleta de flores frescas. Cada semana me paso por el mercado para comprar flores frescas a Mari Carmen (mi distribuidora de flores) para la librería.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… que se pase por la librería que tengo un libro que me recuerda a él/ella.

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:… empiezo el día escobando y fregando el suelo de la librería.  Primero paso la escoba y después fregoteo los suelos ( hay que tener en cuenta que con agua caliente se limpia mejor y utilizo una keter para calentar el agua y sobre todo mientras limpio PIENSO). Seguidamente cambio el agua a los floreros y riego los tiestos y enciendo el ordenador. Un tweet de buenos  días y a continuación hago las reposiciones de los libros vendidos un día antes.

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… dejé la librería abierta de par en par durante toda una noche y no pasó nada. No entró nadie o tal vez sí, pero no robaron. No me creo todavía que la gente robe libros.

Y lo peor… cuando al vecino de arriba dejó el grifo abierto y llovió literalmente en la librería.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… no recuerdo el título, pero es un libro de portada azul

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… no lo he perdido ni quiero pensar en eso

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… que me feliciten por una recomendación.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… está por llegar

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… pensar. Me gusta pensar y sobre todo pienso cuando paso la escoba y seguidamente la fregona. Garoa Kultur Lab (Donostia) me da mucho que pensar ya que el espacio cuenta con 300 m dividido en 2 plantas.

Así es como veo el futuro de mi profesión… agitador cultural libre (sco). Creador de puentes entre libros y diferentes disciplinas artísticas.

Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… en un caserio que a su vez será un laboratorio cultural y vendrán a pasar sus vacaciones: escritores, poetas, pintores, músicos, periodistas….y sobre todo vendrán a descansar y a escribir. Yo me dedicaré a poner flores frescas y preparas desayunos para todos. Y sobre todo, a leer.

El último libro que he leído ha sido…Sofia Petrovna una ciudadana ejemplar” de Lidia Chukovskaia (Errata Naturare)

Y lo conseguí en… me lo mandaron de la editorial directamente (las editoriales pequeñas `por lo general nos cuidan muy bien)

Y el primero que recuerdo que leí fue… “Euskaldun bat Marten” de Iñaki Zubeldia

En mi mesilla tengo ahora para leer… “No encuentro mi cara en el espejo” de Fulgencio Arguelles (Edit. Acantilado)

Me gustaría añadir que…silencio. Me encanta el silencio y la tranquilidad.

-         Enlace 1: www.paperezkoak.com
-         Enlace 2: www.egaroa.com


24 Octubre. Taller Espacio Texturas. Luis Collado. La oferta digital de contenidos editoriales. Posicionamiento, Desarrollo y comercialización.

TALLER

TITULO
Luis Collado

Descripción
Taller que facilitará  las claves para la incorporación de cualquier actor dentro de la cadena de valor del libro al mundo digital. Desde la digitalización de los contenidos hasta el desarrollo de modelos de negocio asociados

Contenidos
(i) Digitalizando contenidos. ¿Qué es digitalizar un libro?, ¿Para qué digitalizar un libro?. ¿En qué formato? Errores más habituales y cómo solucionarlos.

(ii) Promocionando los Contenidos Digitales. ¿Marketing tradicional o marketing digital?. ¿Promoción basada en la obra o en el Autor? El uso de las redes sociales.

(iii) Posicionamiento de los contenidos digitales. ¿Dónde estar?, ¿Cómo aparecer? Tareas a desarrollar para un óptimo posicionamiento en el ámbito digital. Descubribilidad de los contenidos digitales.

(iv) Vendiendo contenidos digitales. ¿Cual es mi mercado potencial?,¿Cómo llegar a mis lectores potenciales?. Estrategia de precios. ¿Contenidos gratuitos, freemium o premium?. Modelos de negocio.

Objetivos
Facilitar a los participantes herramientas básicas para desarrollar su oferta de contenidos digitales

Trabajar ideas básicas pero claves, basadas en experiencias reales, que contribuyan a ampliar los conocimiento y habilidades de los participantes en el ámbito digital

Compartir experiencias, con debates abiertos, que enriquezcan la realidad de los participantes, compartiendo puntos de vista y análisis críticos de lo aprendido

Profesor
Luis Collado

Con más de 14 años de experiencia en el mundo editorial, trabajando tanto con libros en papel y sus primeras herramientas tecnológicas asociadas, como con su digitalización y su disposición comercial en formato electrónico.

Ha sido Director General de la División Universitaria / Profesional en Pearson Educación y Director de Marketing y Ventas en McGraw-Hill, antes de incorporarse a Google para llevar el proyecto de Google Books en España y Portugal.

Ya en Google también ha trabajado  en el lanzamiento de Google Play Books en España, Portugal y 18 países de Latinoamérica

Duración

4 horas

Fecha

24 de octubre. De 16:00 a 20:00

Lugar de celebración

Orfila 3, 2º izda. 28010 Madrid

Precio

75 euros. Incluye curso y documentación.

Inscripción


SI LO DESEAS PUEDES REALIZAR EL PAGO POR TRASFERENCIA BANCARIA A
Trama Editorial
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Asunto: Taller Luis Collado envía luego notificación de pago a promociontramaeditorial@gmail.com


Importante

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Las lecturas de los Estados de ánimo -2

Queremos recoger algunas de las propuestas y sugerencias lectoras de los 51 Estados de ánimo del primer año de andadura.
No están todas, pero sí, por lo menos, una por Estado de ánimo.

Os daréis cuenta que entre todas formarían una mesa de novedades quizás muy distinta a muchas de las habituales.

Ahí van por orden alfabético de título la segunda entrega.


  1. Diez de diciembre; George Saunders, Alfabia
  2. Kafka en la orilla; Haruki Murakami, Tusquets
  3. Las cárceles elegidas; Doris Lessing, FCE
  4. Las nieves azules;  Piotr Bednarski, Malpaso
  5. Libro del desasosiego; Fernando Pessoa, Acantilado
  6. Manual del perfecto canalla; Rafael de Santa Ana, Trama 
  7. Mapas para el éxtasis; Gabrielle Roth, Urano
  8. Muerte a crédito;  Louis-Ferdinand Celine, Debolsillo
  9. No pasarán; Carlos Alberto Scolari, Páginas de espuma
  10. Sirenas; Ángel González, Veintisiete letras 
  11. Sobre los acantilados de mármol; Ernst Jünger, Tusquets
  12. Sociofobia; César Rendueles, Capitán Swing
  13. Una lectora nada común; Alan Bennett, Anagrama
  14. Una noche con Claire; Gaito Gazdánov, Nevsky Prospects
  15. Visión desde el fondo del mar; Rafael Argullol, Acantilado

¿Para qué diablos sirve un editor? Lorenzo Silva

Pero para situar el asunto en su justo contexto, y apreciar lo que supone contar con un buen editor, no se me ocurre nada mejor que recomendar la lectura de un libro, Llamémosla Random House, de Bennett Cerf, fundador de la famosa editorial hoy cabecera de uno de los grupos editoriales más importantes del mundo.

Llamémosla Random House - Bennett CerfLlamémosla Random House - Bennett Cerf


Lo de Cerf no es moco de pavo: en su catálogo se reunió lo mejor de la literatura norteamericana y universal, con autores a los que en muchos casos contribuyó decisivamente a dar a conocer o a alcanzar el estatus, nacional o planetario, del que no disfrutaban cuando acudieron a él o él acudió a ellos. No sólo fue impulsor de las carreras de grandes autores norteamericanos como William Faulkner, Sinclair Lewis, John O’Hara, Eugene O’Neill, Truman Capote, William Styron o Philip Roth, sino que se las arregló, a través de su colección popular, la Modern Library, para difundir a clásicos de la literatura universal como Melville, Proust o Joyce.

Vicente Luis Mora. Un estado de ánimo. Librería Telos

Publicado en el número 24 de Trama&TEXTURAS.


Tras recibir una nutrida e inesperada herencia, Ukio No Teksume tomó dos  decisiones insólitas: la primera, trasladar su residencia a España, país que nunca había visitado pero cuya lengua hablaba con soltura tras años de estudio de la cultura española; la segunda, abrir una pequeña librería. Decidió instalarse en Sevilla y llamar Telos al negocio, como homenaje a sus antiguos estudios filosóficos.

Una vez abierta la librería en pleno centro, y tras adaptarse a la exótica pronunciación del español por sus nuevos conciudadanos (a quienes consideró muy piadosos por sus continuas apelaciones al alma), Ukio pasaba largas mañanas trabajando en la librería, preparando cuidadosamente los pedidos, revisando albaranes, ordenando una y otra vez las estanterías de forma exhaustiva. El planteamiento librero de Ukio reducía la mostración a literatura de alta calidad, de forma que era imposible hallar en el establecimiento best-sellers o cualquier libro no escrito con finalidades exclusivamente artísticas, principio rector que se avisaba a posibles clientes mediante un anuncio en el escaparate: “Si no ha leído a Faulkner –o no sabe quién es– esta no es su librería”.

Durante los primeros meses no entró nadie, ni siquiera personas despistadas preguntando si hacía fotocopias. Esto no supuso un problema para Ukio (que tenía dinero de sobra y podría vivir hasta los 160 años perdiéndolo sin más), hasta la extraña visita de un policía, quien se adentró en sus dependencias con la excusa de consultarle una dirección, escrutando la tienda con mirada entre inquisitiva e inquisidora. En ese momento fue Ukio consciente de que una librería sin ventas podía parecer, a ojos del fisco, un instrumento de blanqueo de dinero. A partir de ese momento comenzó a venderse regularmente libros a sí mismo.

Al principio se compraba clásicos españoles e hispanoamericanos, para adquirir después rarezas alemanas o finesas, bien editadas y con soberbias traducciones, cuyo descubrimiento en los estantes le generaba una inmensa alegría. Tales hallazgos le movían a compartir su intensa emoción con el librero, quien sentía una emoción especular y complementaria, al comprobar que tenía por fin los clientes exquisitos y cómplices que tanto había anhelado. El clima sevillano era benigno en invierno. Paulo Coelho había dejado la escritura. El mundo era bello. Las ventas eran incesantes. “El negocio va viento en popa”, se decía Ukio, feliz, cada vez que cerraba la puerta corredera a las nueve de la noche.

No obstante, a los pocos meses, notó que faltaba dinero de la caja. Aunque nadie aparte del policía había entrado en Telos durante ese primer año, le daba la impresión de que había un descuadre en las cuentas, que repercutía negativamente en el balance. Se acumulaban las devoluciones a los editores, a pesar de que las ventas no menguaban, y las novedades comenzaban a atascar su almacén. Su motorizada recepción le impedía a veces llegar siquiera a abrir las cajas recién llegadas. Los paquetes de libros por abrir eran aplastados por nuevos paquetes y cajas, de modo que no podía dar de alta los libros en el programa informático, ni introducirles el chip de seguridad ni, en consecuencia, mostrarlos en los anaqueles, por miedo al robo. “Creo que mi clientela es honrada, pero ¿cómo estar seguro?”, meditaba compungido.

Como en Telos no se giraban los libros a noventa días, sino que eran comprados en firme con el fin de constituir un buen fondo de librería, Ukio se vio obligado a arrendar un segundo local, anejo al suyo, que servía únicamente de almacén de las cajas no abiertas. A los pocos meses, y aunque seguía comprándose libros sin desmayo en la librería, el volumen de ventas era tan inferior a la mercancía entrante que los números se hacían negativos de modo geométrico e insalvable, añadiéndose los gastos de alquiler de un tercer local, pues las cajas habían invadido por completo el primero, sin dejar espacio a un solo crisolín. Entonces comenzó la construcción de un almacén de almacenes de libros, adquiriendo todos los edificios de la manzana para dedicarlos a depósito, comunicando los inmuebles mediante pasadizos, escaleras y montacargas. Por aquella época, con el propósito de equilibrar los números a cualquier costa, se compraba ya los libros en serie, haciéndose por ejemplo con todos los volúmenes de la tienda cuyo título contuviera la letra “e”, o con todos los que no la contuviesen. Como los libros habían desbordado su casa, decidió dedicar el ala este del Almacén a Biblioteca. Era fácil diferenciar Almacén y Biblioteca: en la segunda los libros estaban sacados de las cajas y aproximadamente ordenados. La Librería Telos era el pequeño espacio intermedio donde convivían los dos órdenes, o ambos desórdenes.


En 2018 el peso acumulado de las cajas hizo que el edificio más grande se derrumbase, arrastrando al resto de anaqueles arquitectónicos, que cayeron en cascada; una marea ingente y polvorienta de cascotes, escombros y cajas de libros se derramó por todas las calles adyacentes, sin herir a nadie por jugarse ese día el derby entre el Betis y el Sevilla. Ukio murió aplastado por el peso de las obras completas de Balzac. Horas después, las personas que paseaban por los alrededores se acercaban a las cajas de libros de literatura de calidad, las abrían, sacaban cuidadosamente los volúmenes de ellas, depositándolos en el suelo, y se llevaban el cartón, ideal para embalar la ropa fuera de temporada.

OTROS ESTADOS DE ÁNIMO  

Lorena Fernández Álvarez. Un estado de ánimo

 
Me llamo… Lorena Fernández Álvarez. 

Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como… Loretahur.

Me gusta leer porque… a través de los libros corro, vuelo, nado, mido dos metros o apenas diez centímetros, soy un ser humano o un animal, doy varias vuelta alrededor del mundo, me conecto y me desconecto, vivo en diferentes siglos y épocas, etc. En definitiva, me meto en muchas pieles que no son la mía con apenas pasar las páginas.

Cuando tenía doce años quería ser… mayor. Y ahora quiero volver a ser una niña. En ambas ocasiones lo he conseguido a través de los libros.

Hoy soy… procrastinadora hasta límites insospechados. Lo que aún me deja algo de tiempo para desempeñarme como Directora de Identidad Digital de la Universidad de Deusto. Ingeniera en cuerpo y alma, con lo que eso conlleva tanto para mi pensamiento cuadriculado profesional como para el personal. Además de esto, una persona poco asertiva que se deja enredar en otros menesteres (de los que disfruto enormemente) como es el caso de Doce Miradas, Radio Bilbao, Aprendices, Descubre Japón, … 

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… no me gusta. Como buena tahúr, una no puede desvelar todos sus cartas en la primera jugada. De hecho, yo no hablo de lecturas con cualquiera, porque a través de lo que lees estás descubriendo parte de tu espíritu. Eso sí, no respondo de mi lengua tras tres gin-tonics.

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:… cada minuto de cada día está programado para una o varias actividades, restando esto horas al sueño y a la lectura. Así que la pobre tiene que compartir su espacio y tiempo, durante los desplazamientos en transporte público, con el resto de ocupantes del tren y el tranvía. Es decir, con ruidos, conversaciones, sonidos de dispositivos electrónicos... De vez en cuando, se pone celosa y reclama su exclusividad, arrastrándome al “rincón de pensar” de mi casa, para que el silencio y la quietud bloqueen mis sentidos en esa única tarea. De hecho, me pide que apague móviles, ordenadores y tabletas para que ninguna notificación de una red social rompa ese encanto.

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… en uno de esos viajes en transporte público, ensimismada en mi libro, llegué a una parte de la historia que supuso un vuelco en la misma. En ese momento un exabrupto salió de mi boca a un nivel bastante audible, lo que hizo que mis compañeros de asiento se sobresaltaran sobremanera.

Y lo peor… que soy incapaz de dejar un libro a medias, por muy malo que sea. No sé si es por optimismo de que todo puede mejorar o más bien porque pienso que quizás entre tanto bodrio se puede esconder una perla que me perderé. Estoy tratándome esta anomalía, sin mucho éxito por el momento.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… la típica frase de “vaya, vaya... la directora de identidad digital con un libro de papel en la mano”. Pero qué queréis que os diga: yo soy una fiel creyente de la erótica del papel. Su tacto y olor (aunque la celulosa de hoy en día tiene un mal envejecer) son placeres sensoriales que aún no he encontrado en mi ebook, al que también adoro porque me ha ahorrado unos cuantos dolores de espalda.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… Aún no ha llegado ese momento. Y doy gracias porque cuando eso ocurra, tendré que cambiar de tercio. No me imagino “gastando” tantas horas de mi vida en algo que no encienda mi espíritu (de hecho, espero que nunca las circunstancias de la vida me obliguen a ello).

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… relacionarme con las personas que componen mi organización y mis redes (tanto analógicas como digitales). Personas que me sorprenden todos los días, casi siempre de forma positiva, y de las que aprendo. Siempre cuento que cuando me decanté por la ingeniería como carrera, una de las razones que me empujaron a ello fue la idea de relacionarme exclusivamente con máquinas deterministas, que a unas mismas entradas, devuelven inmutablemente las mismas salidas. Tras finalizar mis estudios comprobé que detrás de toda máquina hay una persona totalmente indeterminista, pero que eso es lo excitante de la vida.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… cualquiera en el que haya perdido la noción del tiempo. De hecho, he huido de los trabajos en los que me pasaba lo contrario: miraba el reloj cada cinco minutos esperando que llegara la hora de salida.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… estar con los míos, a poder ser desconectada (sin teléfono móvil ni conexión a internet). Después de tantos emails, tuits, posts, y demás contenidos digitales leídos, necesito hacer cura de desintoxicación.

Así es como veo el futuro de mi profesión… incierto. Y no lo digo por la volatilidad del empleo en este país, sino más bien porque me dedico a la comunicación digital, un mundo que cambia a una velocidad abismal. Hay días en los que grito aquello de “Que pare el mundo, que me bajo”. Otros en los que disfruto porque la monotonía no forma parte de mi diccionario. Lo único que tengo claro del futuro de mi profesión es que aún no está escrito y quién sabe, quizás lo pueda escribir yo.

Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… viajando y, con lo que disfruto aún más que es preparando esos viajes. Que los libros vayan familiarizando a mis ojos con lo que luego contemplaré sin hojas de por medio. Pero ahora en serio, ¿qué es eso de la jubilación? No lo he encontrado en la RAE...

El último libro que he leído ha sido... El Japón de Murakami, de Carlos Rubio. Un obra estupenda para conocer con mayor profundidad la cultura y costumbres del país del Sol Naciente a través de las obras del peculiar escritor japonés.

Y lo conseguí en… la biblioteca pública de la Alhóndiga (Bilbao).

Y el primero que recuerdo que leí fue… El pirata Garrapata de Juan Muñoz Martín.

En mi mesilla tengo ahora para leer…  La ballena y el reactor: Una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología de Langdon Winner. Estupenda obra para que reflexionemos sobre si la tecnología tiene o no ideología.

Me gustaría añadir que… como no podía ser de otra manera, he procrastinado enormemente para escribir este estado de ánimo. Pero eso no quita para que haya disfrutado también enormemente.


Algunos enlaces:

Mi blog, en el que escribo de vez en cuando: http://blog.loretahur.net .

Mi Twitter, por donde me prodigo más: @loretahur.

Como soy una apasionada de la fotografía, mi cuenta de Flickr (https://www.flickr.com/photos/loretahur ) e Instagram (http://instagram.com/loretahur ).

Ahora tengo una nueva pasión: Japón, así que tenemos versión tuitera (https://twitter.com/descubreJapon ) y facebookera (https://www.facebook.com/DisfrutaJapon ). 


OTROS ESTADOS DE ÁNIMO  

Bernabé Naharro Sanz. Un estado de ánimo



Me llamo… Bernabé Naharro Sanz



Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como… De librero se me conoce como Berni.
Durante un muy breve tiempo probé con un blog en el que escribía como Bernie Ohls, Librero Hard-boiled, pero no fui lo suficientemente disciplinado para mantenerlo.

Me gusta leer porque… Me completa. Estimula mi fantasía. Creo en las historias. Me hace sentir. Sólo son algunas de las razones.

Cuando tenía doce años quería ser…Es posible que quisiera ser superhéroe... Imagino que eso no dice mucho a favor de mi cordura... ¬¬U

Hoy soy…El proyecto de un narrador (no me gusta la palabra escritor, y respeto demasiado la palabra autor; yo quiero ser narrador) Trabajo en una novela. El tiempo dirá.
Y también soy librero porque, aunque actualmente no ejerza, ser librero (librero de verdad) es como ser Vengador: librero una vez, librero por siempre.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…Acostumbro a decir que estoy enfermo y acumulo libros porque tengo Síndrome de Librógenes. :P
Lo cierto es que siempre me han atraído los libros y, lo más importante, los he tenido a mano.
En mi casa debe haber grabaciones en vídeo BETA en las que, con siete u ocho años, ya estoy con libros de animales o dinosaurios. También con esa edad recuerdo una tarde/noche de lluvia tremenda en Durango. Salí corriendo para que me diera tiempo a comprar dos librojuegos tipo “Elige tu propia aventura” en una librería que no estaba precisamente cerca de mi casa (me gustaría saber si sigue existiendo) antes del entrenamiento con el equipo de futbito del colegio. Me calé hasta los huesos pero eso no me importaba. Los libros, sin embargo, sí que me preocupé de que estuvieran bien resguardados entre la ropa en la bolsa de deporte: tengo la imagen grabada de, una vez llegado al vestuario, abrirla para asegurarme de que estaban secos. 

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…A día de hoy, mi pareja y yo nos levantamos por la mañana y vamos a la biblioteca de Badajoz donde está cubriendo una baja. Mientras ella trabaja en lo suyo, yo trabajo en lo mío: escribiendo, leyendo, tomando y releyendo notas... A la una y media volvemos a casa, almorzamos, hacemos las tareas domésticas que encarten y reposamos un poco para luego regresar a la biblioteca de cinco a ocho. A la salida, hacemos compra y de nuevo para casa. Todo bastante anodino.
Lo cierto es que lo más excitante de mi día a día (dejando aparte el trabajo en la novela) es cuando entro a primera hora de la mañana en mi cuenta de Comunio para ver si me he llevado los futbolistas por los que he pujado en la subasta del día anterior (hoy me llevé a Abraham Minero, defensa del Eibar). Como soy hipertenso severo me viene bien que sea así (quien no se consuela es porque no quiere).
Los fines de semanas estamos aprovechando para conocer la zona (Badajoz, Mérida, Elvas…).

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…Ciñéndome a historias dentro de mi oficio (que son unas pocas porque a las librerías acuden muchos locos) creo que me quedaré con una que vino a ser más o menos así:
Estaba en uno de los mostradores de información, pendiente de la pantalla del ordenador, cuando oí que un cliente soltaba con fuerza una pila de libros sobre la mesa. Levanté la vista y vi que me miraba de manera intensa, sin parpadear. A continuación miré los libros: eran cuatro y todos de esoterismo. Sólo recuerdo que uno de ellos era “Las profecías de Nostradamus”. Me hice cargo rápido de la situación.
-Buenas tardes -dije.
-¿Aquí reservan los libros? -me dijo el cliente sin mediar saludo
-Sí.
-¿Cuánto tiempo?
-Una semana.
-Vale -me dijo.
Puse las manos sobre el teclado del ordenador y dije:
-Dígame sus apellidos.
-¡No, no! ¡Yo no quiero dar mis datos!
-Si quiere hacer una reserva tengo que registrarla en el ordenador y tengo que registrarla a un nombre.
-¡Pero yo no quiero dar mis datos!
-De acuerdo, como quiera. Entonces yo no puedo hacerle la reserva.
Todo esto, él sin dejar de mirarme fija e intensamente, y yo totalmente relajado, monotono (no monótono), con todo el cuajo. Durante unos segundos se hizo el silencio entre nosotros, sin dejar de mirarnos, hasta que me dijo.
-Vale.
-¿Vale qué?
-Le doy mis datos.
Volví al ordenador.
-Dígame su primer apellido
-Vicente [no recuerdo los nombres, sólo que eran nombres]
-No, no, su primer apellido.
-Vicente -insistió.
Y en el primer apellido puse Vicente.
-¿Su segundo apellido?
-Ramón.
Y puse Ramón. Para qué insistir.
-¿Su nombre?
-Gloria. -Y cuando estaba tecleando Gloria en el nombre, como para justificarse, añadió:- Es que tengo muchos nombres.
-Ya -dije yo. Cogí una goma elástica, se la puse a los cuatro libros, puse la pegatina con el código de cliente y añadí.- Los tendrá reservados una semana. Sólo tiene que venir a cualquiera de los mostradores de información, dar su nombre y se los sacarán de la reserva.
-Vale. –Nuevamente se hizo el silencio … para, finalmente, preguntar:- ¿Puedo irme ya?
-Sí.
Y con paso acelerado se fue de la librería.
Una vez se hubo marchado, entré en la ficha que había creado y puse en observaciones que Gloria Vicente Ramón era un hombre que había apartado unos libros de esoterismo cuya reserva había que anular en una semana. Los puse con el resto de las reservas y lo primero que hice cuando entré a trabajar una semana después fue anularla.
Porque, lo mismo que el asesino de Juan Jacinto Muñoz Rengel, yo soy un librero de moral kantiana.

Y lo peor… La muerte de un compañero.
Respecto a lo peor del mundo del libro (generalizando) diré que los autores. Algunos me dicen que lo peor son los agentes literarios. No lo sé, la verdad, pero no lo creo.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… Preguntarte si te has leído todos y cada uno de los libros, si los libros no tienen rebajas en enero, si el libro de bolsillo está completo. Pedirte libros con títulos equivocados (¿a qué librero no le han pedido Los pilares del mundo?) o autores erróneos (como El jugador del Doctor Yevsky), o supuestas novedades que llevan dos años a la venta, o libros que has de adivinar con la única información del color y el formato de la portada (somos una suerte de oráculos)…

También están los profesores preguntando si hay descuento para profesores; los autores que vienen el día que sale a la venta su libro y, pese a estar evidentemente colocado a la vista y en cantidades ingentes, te recriminan que no ven su libro porque no lo han visto donde piensan que debería estar (o en el escaparate); los clientes que quieren acertar sí o sí con el libro que regalen y no tienen ni idea de los gustos (ya no sólo los literarios, sino incluso los cinéfilos o musicales) del obsequiado; también aquellos que juran y perjuran haber visto en El Corte Inglés un libro que saldrá en dos meses, o los que, en Navidades, cuando ya se ha agotado en todas partes el bestseller del momento, te preguntan si no tendrás alguno por ahí escondido; y también los que le dan la vuelta a libros de Pío Moa y César Vidal (o Felipe González y Josep Fontana) en la mesa de novedades de ensayo…
Es una pequeña muestra. Son tantas cosas… J Las Libreras Resoplantes saben mucho de esto.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…Puntualmente cuando me he sentido desbordado, algo muy común si eres librero. En una librería siempre hay trabajo que hacer (y que queda sin hacer).
También me descorazona muchísimo pensar que vivimos en un mundo (tanto el mundo en general como el del libro) en el que no importa tanto lo que valgas como el precio al que te vendas.
Pero soy un idealista que procura resistir.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…Hacer una recomendación, que el cliente vuelva para darte las gracias y veas brillo en sus ojos cuando rememora la historia leída. No tiene precio.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…Buufff, hay muchos. Puesto a decidirme me quedaré con los días de San Valentín. Compraba rosas y bombones que mis compañeras recibían anónimamente en el trabajo. Resulta increíble cómo un detalle tan nimio envuelto en un poco de misterio podía alegrar y animar el día.
Llegabas en el turno de tarde y las veías sonrientes, con la comidilla de adivinar quién podía haberlas mandado. Logré mantener el misterio unos cuantos años. Algunas sospechaban de mí pero yo lo negaba y, como acostumbro a ser bastante sincero, me creían y volvían a sus dudas.
Las pobres no podían saber que soy bastante sincero, sí, pero soy aún más tímido, aunque lo disimule.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…Dormir. Me encanta. Soy muy marmota.
También me relaja jugar a RPGs (Role Playing Games) de videoconsola. Cuentan bonitas historias, no son muy exigentes en atención y acostumbran a ser bastante automáticos en su juego. Me hacen entrar en una suerte de ZEN.

Así es como veo el futuro de mi profesión…Todo invita a ser pesimista. Yo, por mi parte, pienso que todo depende de la sociedad que resulte de esta última crisis, que no es tanto una crisis económica como de valores. Si se refuerzan los valores, si la sociedad se conciencia, el libro y los libreros ganarán peso e importancia, y el futuro será mucho más luminoso. Si no… bueno… será todo mucho más duro y oscuro pero quiero creer que sigue habiendo un montón de gente que sueña con montar una librería y de libreros que siguen apasionados por su oficio: alguno tiene que acabar dando con la tecla (o teclas) que garantice un modelo de negocio viable y con futuro.
Yo, allá donde voy, estoy pendiente. En Málaga, por ejemplo, hace pocos meses ha abierto una librería de segunda mano llamada Hombrecillos Verdes, especializada en ciencia ficción, terror y fantasía; aquí en Badajoz, he conocido Tusitala, una librería muy coqueta que apenas tiene un año… Intento comprender sus modelos, dialogar con sus dueños… Siempre les recomiendo que se lean Vender el alma: el oficio de librero de Romano Montroni (Fondo de Cultura Económica) si no lo han hecho ya. Procuro seguir aprendiendo pero, sobre todo, que mi propia experiencia pueda serles de utilidad.
 
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… Con Vero, mi pareja. Todo lo demás no importa.

El último libro que he leído ha sido… La rubia de ojos negros, de Benjamin Black (Alfaguara). Y me gustó mucho. Realmente suena a Chandler.
El último cómic ha sido Asgard: Edición Integral (Norma). Quiero citar cómics porque muy posiblemente hayan hecho tanto o más que los libros para convertirme en lector.

Y lo conseguí en… El libro en Librería Luces (Málaga), por supuesto. Los cómics los compro siempre en En Portada Cómics (Málaga) pero este último lo he pillado en Badajoz, en la librería Tusitala antes mencionada.

Y el primero que recuerdo que leí fue… Lo tengo clarísimo: Las columnas de Pentegarn (de Rose Estes, editado por Timun Mas), un librojuego de fantasía sacado de la biblioteca del Colegio Público Landako, en Durango, donde estudié hasta los diez años. A partir de ahí fue un no parar. Lo tengo dos veces y daría lo que fuera por tener ese que saqué de la biblioteca.

Respecto a los cómics, tengo también clarísimo el que me inició en el coleccionismo: fue el número 141 de Spider-Man en Forum. 
 
Posiblemente el primero fuera un Mortadelo y Filemón (no hay mejor cómic que un buen Mortadelo y Filemón)  pero no lo recuerdo.

En mi mesilla tengo ahora para leer… Meridiano de Sangre (Cormac McCarthy, Mondadori), Tiempo para crear, tiempo para matar (Lawrence Block, RBA Negra), La Guerra Interminable (Joe Haldeman, Byblos) y Reconquistar Plenty (Colin Greenland, Martínez Roca Gran Superficción).
También Short Cuts (Raymond Carver, Anagrama) y El simple arte de escribir (Raymond Chandler, Emecé) para releer.

Me gustaría añadir que… Soy un idealista y procuro ser optimista porque ser pesimista no creo que lleve a ninguna parte que merezca la pena. Sé que es difícil (más en los tiempos que corren) y muchas veces nos cuesta, pero hay que lucharlo.
Creo en el libro. Pienso (como Robert Darnton dice en Las razones del libro) que el libro ha resultado ser menos perecedero que todos los soportes digitales, y quiero creer que tiene futuro. La alternativa sería demasiado terrible.
Pero, repito, hay que lucharlo y todo empieza por que revisemos nuestros valores.

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